Ximena Solis
La noticia sorprendió al mundo: Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los capos más longevos y poderosos del narcotráfico, se entregó a las autoridades de Estados Unidos. Su decisión de declararse culpable ante el mismo juez que sentenció a Joaquín “El Chapo” Guzmán representa un parteaguas en la historia del crimen organizado.
Zambada, quien durante más de cuatro décadas se mantuvo como figura central del Cártel de Sinaloa, evitó capturas espectaculares y logró sobrevivir a rivalidades internas, a la persecución militar en México y a la presión internacional. Su entrega voluntaria rompe con esa imagen de intocable y abre la puerta a interrogantes sobre los motivos detrás de esta decisión.
Expertos señalan que la avanzada edad del capo, combinada con la presión judicial y política en ambos lados de la frontera, pudo acelerar un desenlace inevitable. La posibilidad de negociar beneficios para su familia y colaboradores más cercanos también figura entre las razones más plausibles.
El impacto para el Cártel de Sinaloa es mayúsculo. Aunque “Los Chapitos” habían asumido gran parte del control operativo, la figura de El Mayo era vista como el factor de equilibrio en medio de divisiones internas. Su ausencia definitiva puede desatar una lucha aún más encarnizada por el liderazgo dentro de la organización.
En lo político, la rendición del capo manda un mensaje poderoso: Estados Unidos sigue teniendo capacidad de presión sobre los grandes líderes del narcotráfico y busca cerrar capítulos pendientes. Para México, representa tanto un alivio como un reto, pues pone en evidencia las dificultades históricas del país para capturar a Zambada.
La comparecencia de El Mayo ante la corte será observada con atención mundial. De lo que decida colaborar o callar dependerá no solo su futuro, sino también el destino de varias redes criminales que han operado bajo su mando durante décadas.
Lo cierto es que la caída de uno de los últimos capos históricos simboliza el fin de una era. Pero, al mismo tiempo, plantea la gran pregunta: ¿realmente se debilita el narcotráfico o simplemente se redistribuye el poder entre nuevos liderazgos?
