Autor: Andrés Cisneros
El ambicioso plan fiscal propuesto por el presidente Donald Trump, presentado como una “revolución tributaria” que bajaría impuestos a grandes empresas y recortaría fondos a programas sociales, enfrentó un revés legislativo este miércoles al quedar atorado en la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
Conocido por el propio Trump como su “gran y hermoso plan fiscal”, la iniciativa no logró reunir los votos suficientes para su aprobación en una primera ronda, ante divisiones internas incluso dentro del Partido Republicano y una oposición cerrada por parte de los demócratas.
El plan incluye reducciones drásticas al impuesto corporativo, recortes a la inversión social, educación pública, salud y programas alimentarios, a cambio de incentivos fiscales para el sector privado. A pesar de los intentos de la Casa Blanca por convencer a legisladores indecisos, varios representantes republicanos expresaron su preocupación por el impacto negativo en sus distritos.
Desde la oposición, legisladores progresistas calificaron el plan como un intento de redistribuir la riqueza hacia las élites, al tiempo que acusan a Trump de querer debilitar la red de protección social en un contexto de creciente desigualdad económica.
El estancamiento representa un golpe simbólico para la narrativa de Trump, quien en los últimos días ha insistido en que su segundo mandato se enfocará en una “revolución fiscal” para “hacer grande a América, otra vez”.
Se espera que en los próximos días continúen las negociaciones en el Congreso, pero analistas señalan que la iniciativa ya ha perdido impulso y enfrenta un panorama legislativo complejo.
